viernes, 4 de enero de 2019

Unidad Didáctica 12: "Me divierto jugando con la Sirenita"

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Érase una vez un reino submarino de gran majestuosidad, donde habitaban todas las criaturas marinas que el hombre solo ha conocido en su imaginación y viejas leyendas. Este reino era gobernado por el sabio rey Tritón, el cual tenía cinco bellas hijas sirenas.
La menor de todas se llamaba Ariel, quien superaba a sus hermanas en belleza, pero también en curiosidad y atrevimiento.
La sirenita Ariel soñaba con ir hacia la superficie del mar para conocer la belleza del cielo y conocer de cerca a esas inteligentes criaturas llamadas humanos.
Conocedor del profundo interés de su hija, Tritón vivía preocupado y continuamente le decía que cuando cumpliese 15 años podría subir a la superficie, pero que nunca le permitiría acercarse a los humanos.
Ariel contaba los días para la marcada fecha. Así, cuando esta llegó pidió permiso a su padre y con la venia de este fue sin dudarlo a la superficie.
Ciertamente el cielo era tan lindo como se lo habían descrito. Tras unos minutos de deleite vio un extraño cuerpo que se acercaba al sitio exacto donde estaba.
Era un barco y quedó impactada por la majestuosidad de tan rara construcción.
De inmediato se refugió tras una roca para no ser vista, pero lo suficientemente cerca como para saber quiénes iban a bordo de la embarcación.
De esa forma vio por primera vez en su vida a los humanos y quedó particularmente prendada de uno: el joven Eric, quien era el capitán de la tripulación y en su honor se estaba festejando con verdadero jolgorio.
Sin embargo, la felicidad de los humanos se vería importunada.
Una rápida tormenta se formó y fieras olas zarandearon el barco, tirando por la borda a gran parte de sus tripulantes, Eric entre ellos.
Al ver esto la sirenita Ariel no podía quedarse impasible.
De inmediato se dirigió a donde estaba Eric, luchando por su vida pero prácticamente inconsciente.
Ariel lo ayudó a llegar a la orilla y allí lo dejó. Mientras lo contemplaba con una mirada de amor, el joven Eric despertaba de su letargo y por unos segundos contempló a la bella muchacha que le había salvado la vida.
Quedaron enamorados a primera vista, pero Ariel sabía que era imposible, por lo que huyó a las profundidades del mar antes de que el príncipe pudiese verla bien.
Pasaron unos días y ninguno de los dos podía dejar de pensar en el otro.
Ariel estaba profundamente enamorada y cada día se escapaba en las tardes a su refugio secreto, donde había reunido restos y enseres de la embarcación que había conocido.
Tan raro era su comportamiento por esos días, que su padre la siguió y al descubrir qué era lo que con tanto celo guardaba su hija, se enojó mucho.
Quería protegerla de la crueldad humana a toda costa y por ello no dudó en destruir los tesoros de Ariel con verdadera furia.
La sirenita se sintió muy triste y castigada por su padre.
No concebía por qué se le negaba lo más lindo que había sentido y tenido en su vida: el amor.
Sin saber qué hacer, fue a ver a la malvada bruja Úrsula, para ver si con su magia negra podía ayudarla a convertirse en una mujer humana.
Cuento Disney: La Sirenita
La bruja de largos tentáculos la convirtió en mujer como deseaba, pero la privó de su principal encanto: su voz.
Le explicó a la sirenita, ahora bella muchacha, que tenía tres días para besar al joven Eric. Si no lo hacía en ese lapso, volvería a ser una sirena y no recuperaría nunca su voz.
Ariel aceptó el reto y se presentó ante el joven Eric, quien pensó que por el físico era su amada, a la que soñaba cada noche, pero dudaba constantemente dado que aquella tenía una bella voz y la que estaba a su lado no podía hablar.
Durante tres días fueron varios los momentos en que la pareja pudo haberse besado, pero Úrsula impidió que esto ocurriese.
En su malévola mente tenía un plan y era apoderarse para sí de la voz de la sirenita, con lo que adoptaría su forma y sería ella quien se casase con el príncipe.
Llegado el término del plazo el plan de Úrsula se materializó. Ariel volvió a ser sirena y la bruja adoptó la figura de la bella muchacha, con su voz y todo.
Hechizado, Eric le propuso casarse enseguida a la bruja y creyó que Ariel era una malvada criatura que lo había engañado.
Por suerte, antes del sí quiero todos los animales y criaturas marinas, que adoraban a la sirenita Ariel y querían su felicidad por encima de todo, el rey incluido, que había recapacitado, acudieron en ayuda de la niña e impidieron la boda.
Rápidamente descubrieron a Úrsula y se las arreglaron para que Ariel recuperase su voz.
Eric cayó en la cuenta de que había sido engañado, por lo que acabó con la vida de la bruja y no dudó en besar a Ariel, aunque fuera una sirena.
Pero sucede que con el beso los sueños de ambos se cumplieron. El amor todo lo puede y la cola de Ariel se convirtió en un par de lindas piernas.
Así, la pareja vivió feliz para siempre y lograron establecer la armonía entre el reino de los hombres y el de las sirenas.

Unidad Didáctica 11: "En busca de la victoria de Robin Hood"

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Esta es la historia de Robin Hood y su compañero Juan, para ellos era muy normal andar por el bosque Sherwood. Un día mientras hacían esto, escucharon como a lo lejos sonaban las trompetas del cortejo real. Tal alboroto se debía a que el príncipe Juan regresaba a su hogar después de haber cobrado los impuestos a los pobres habitantes de Inglaterra.
Robin Hood y Juan al ver eso, se disfrazaron de gitanas y con mucha educación detuvieron a la corte con la única intención de leerle de forma gratuita el porvenir al joven príncipe. El concejero Hiss puso muchas excusas y no estaba de acuerdo con eso pero el príncipe insistió muchísimo. Esta fue la manera perfecta que encontraron para lograr recuperar gran parte del dinero que había sido recaudado y repartirlo entre cada una de las personas que fueron saqueadas.
Inglaterra era un país que había caído en la pobreza total desde que el Rey Ricardo había partido y su hijo el príncipe Juan había tomado posesión, pues se caracterizaba por establecer impuestos muy severos, a tal modo que muchos de los habitantes del reino no podían pagar.
Robin Hood y Juan estaban indignados con esta situación por lo que actuaron de este modo pero como venganza a todo lo ocurrido, el príncipe enfureció y tomó medidas muy fuertes para lograr escarmentar  a todos los habitantes. El valor de los impuestos los incrementó a todas las personas de tal manera que a muchos les era aún más imposible pagar. Todo aquel que no le entregara nuevamente su aporte al Sheriff  de Nottingham nuevamente, sería conducido a la cárcel.
Otra de las acciones que tomó fue organizar un torneo de arqueros, que se celebraría próximamente. El objetivo principal de este concurso era capturar de una vez a Robin Hood y para ello, el príncipe, había pensado en todo pues el trofeo sería entregado por Maid Miriam, la antigua prometida de Robin.
Robin no pudo resistir la tentación y asistió al concurso disfrazado de cigüeña y logró ganar en un fuerte enfrentamiento con el sheriff. Cuando ya estaba todo preparado para ser capturado, el joven Robin pudo huir junto a Maid Miriam al bosque.
Juan, el príncipe, se enfureció muchísimo con su nuevo fracaso así que como venganza por esta derrota mandó a encerrar a todos los amigos del bandido. Dentro de ellos estaba Fray Tuck quien sería ejecutado al amanecer por ser considerado de alta traición.
Entre Robin y Fray existía una gran amistad por lo que el príncipe no dudaba en que Robin iba a aparecer para intentar rescatarle, y ese sería el momento indicado para capturarle y eliminarlo de una vez y por todas. Llegó la noche y los dos bandidos, Robin y su compañero Juan, lograron entrar a la fortaleza. Una vez dentro pelearon con los guardias logrando grandes bajas.
El objetivo de los dos proscrito consistía en Juan liberar a todos los prisioneros y Robin arrebatarle todas las riquezas al príncipe para después entregársela al pueblo. Después de hacer todo como lo habían planificado, los prisioneros escaparon con todas las riquezas, pero Robin no pudo porque quedó atrapado en el interior de la fortaleza rodeado de toda la guardia del príncipe guiados por el propio sheriff. A pesar de esto, Robin Hood pudo saltar a un foso y reunirse posteriormente con todos sus compañeros.
El regreso del Rey fue muy bueno ya que de este modo se terminó la injusta persecución que había en contra de Robin Hood y sus amigos y logró frenar al príncipe Juan.  El concejero Hiss y el sheriff Nottingham fueron encarcelados mientras que se elaboraba un decreto en el que se perdonaba a Robin y sus compañeros.
Cuando todo esto pasó, por fin Robin Hoos y Maid Miriam se casaron en una bella boda a la que asistieron todos sus amigos. Juan, su amigo inseparable no quería abandonarlo así que fue junto a la feliz pareja hasta el lugar donde el amor y la paz no le faltarían.

Unidad Didáctica 10: "Coordinamos nuestros brazos y piernas para utilizar los inventos del mago Merlín"

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Hace muchos años, cuando Inglaterra no era más que un puñado de reinos que batallaban entre sí, vino al mundo Arturo, hijo del rey Uther.
La madre del niño murió al poco de nacer éste, y el padre se lo entregó al mago Merlín con el fin de que lo educara. El mago Merlín decidió llevar al pequeño al castillo de un noble, quien, además, tenía un hijo de corta edad llamado Kay. Para garantizar la seguridad del príncipe Arturo, Merlín no descubrió sus orígenes.
Cada día Merlín explicaba al pequeño Arturo todas las ciencias conocidas y, como era mago, incluso le enseñaba algunas cosas de las ciencias del futuro y ciertas fórmulas mágicas.
Los años fueron pasando y el rey Uther murió sin que nadie le conociera descendencia. Los nobles acudieron a Merlín para encontrar al monarca sucesor. Merlín hizo aparecer sobre una roca una espada firmemente clavada a un yunque de hierro, con una leyenda que decía:
   "Esta es la espada Excalibur. Quien consiga sacarla de este yunque, será rey de Inglaterra"

Los nobles probaron fortuna pero, a pesar de todos sus esfuerzos, no consiguieron mover la espada ni un milímetro.  
Arturo y Kay, que eran ya dos apuestos muchachos, habían ido a la ciudad para asistir a un torneo en el que Kay pensaba participar.

   Cuando ya se aproximaba la hora, Arturo se dio cuenta de que había olvidado la espada de Kay en la posada. Salió corriendo a toda velocidad, pero cuando llegó allí, la puerta estaba cerrada.
   Arturo no sabía qué hacer. Sin espada, Kay no podría participar en el torneo. En su desesperación, miró alrededor y descubrió la espada Excalibur. Acercándose a la roca, tiró del arma. En ese momento un rayo de luz blanca descendió sobre él y Arturo extrajo la espada sin encontrar la menor resistencia. Corrió hasta Kay y se la ofreció. Kay se extrañó al ver que no era su espada.
   Arturo le explicó lo ocurrido. Kay vio la inscripción de "Excalibur" en la espada y se lo hizo saber a su padre. Éste ordenó a Arturo que la volviera a colocar en su lugar. Todos los nobles intentaron sacarla de nuevo, pero ninguno lo consiguió. Entonces Arturo tomó la empuñadura entre sus manos. Sobre su cabeza volvió  a descender un rayo de luz blanca y Arturo extrajo la espada sin el menor esfuerzo.
   Todos admitieron que aquel muchachito sin ningún título conocido debía llevar la corona de Inglaterra, y desfilaron ante su trono, jurándole fidelidad. Merlín, pensando que Arturo ya no le necesitaba, se retiró a su morada.
   Pero no había transcurrido mucho tiempo cuando algunos nobles se alzaron en armas contra el rey Arturo. Merlín proclamó que Arturo era hijo del rey Uther, por lo que era rey legítimo. Pero los nobles siguieron en guerra hasta que, al fin, fueron derrotados gracias al valor de Arturo, ayudado por la magia de Merlín.
   Para evitar que lo ocurrido volviera a repetirse, Arturo creó la Tabla Redonda, que estaba formada por todos los nobles leales al reino. Luego se casó con la princesa Ginebra, a lo que siguieron años de prosperidad y felicidad tanto para Inglaterra como para Arturo.
   "Ya puedes seguir reinando sin necesidad de mis consejos -le dijo Merlín a Arturo-. Continúa siendo un rey justo y el futuro hablará de ti"

Unidad Didáctica 9: "Construimos nuestro material para salvar a los aristogatos"

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A pesar de ser viuda, Madame Adelaida Bonfamille era muy feliz. Su casa era bella y gracias a la lealtad y buen empeño de su mayordomo Edgar, en ella todo estaba ordenado y marchaba bien, por lo que su fortuna no mermaba en lo más mínimo.
Pero lo que más feliz la hacía de todo era la belleza y buenos hábitos de sus gatos, los que sin dudas estaban entre los más afortunados de la gran urbe parisina, pues tenían todas las atenciones y comodidades que un gato doméstico pudiese desear, al punto de que eran conocidos en el vecindario como los aristogatos (por aristocracia) de Madame Adelaida.
Duquesa, la mayor de las mascotas, era una bella gata blanca. Además de ella, en la gran mansión vivían sus tres pequeñines: Marie, que cantaba con dulzura y simulaba en belleza a su madre; Beriloz, que tocaba el piano con gran habilidad; y Toulose, que pintaba y desbordaba creatividad, pero también picardía.
Los tres eran orgullo de Duquesa y de Madame Adelaida, las que aspiraban que al igual que la gran gata blanca, los pequeños se convirtieran en grandes nobles, en unos verdaderos aristogatos.
La felicidad y armonía en casa de Madame Adelaida se rompería súbitamente.
Resulta que esta llamó un día a su abogado con el objetivo de hacer su testamento, pues consideraba que ya iba siendo tiempo por su edad.
En el documento, legó toda su fortuna y mansión a sus felinos, cuyo cuidado encargaba al mayordomo Edgar, quien a su vez heredaría todo una vez los animales no estuvieran.
Al tanto de esto, el mayordomo fui víctima de la codicia. Pensó que para ver reciprocado todo su trabajo, lealtad y dedicación de los últimos años, debería esperar mucho tiempo, pues cada gato se decía que tenía siete vidas.
Por ello, dejándose llevar por las ambiciones más bajos que suelen nublar el juicio de las personas, ideó un malévolo plan que no dudó en llevar a cabo.
Este consistió en encerrar a los cuatro gatos en una bolsa y llevarlos bien lejos de la casa, para lanzarlos a un río y cerciorarse que los animales no fuesen obstáculos para heredar la fortuna de la señora a la que había servido tanto tiempo.
Así lo hizo y si no hubiese sido por un gato callejero, llamado Tomás O´Malley, su plan hubiese resultado.
Duquesa y sus hijos habían logrado salirse de la bolsa y del río, pero tras pasar una noche con mucho frío y sin saber dónde estaban y cómo regresar a su casa, O´Malley, que era como el pequeño Toulose adulto, acudió en su socorro y prometió ayudarles a regresar a su hogar.
De esta forma, acompañados por un verdadero conocedor de la calle y de todos los recovecos de París, Duquesa y sus pequeños estaban felices, pues sabían que volverían a la comodidad de la mansión, bajo los gratos cuidados y amor de Madame Adelaida.
Desde el pirncipo O´Malley quedó prendado de Duquesa y le agradaron los niños, y aunque los ayudaría de buena fe, lamentaba el hecho de que pronto volverían a separarse.
El camino a la mansión era largo, por lo que tuvieron que pasar la noche en otra barriada de París.
O´Malley les dijo que podían descansar en su buhardilla y a la mañana siguiente reemprenderían viajes con más energía, algo que aceptó Duquesa.
Sin embargo, cuando llegaron al recinto de su salvador, había muchos otros gatos que habían irrumpido en él.
Se trataba de Gato Jazz, amigo de O´Malley, y los integrantes de su banda, los que dieron una calurosa bienvenida e hicieron disfrutar su música a las Aristogatos, que nunca antes se habían divertido de tal forma.
A la mañana siguiente llegó el momento de la despedida. Tanto los pequeños como Duquesa le habían tomado mucho aprecio a O´Malley y no concebían el hecho de que ya no volvieran a verse.
Resulta que cuando los gatos entraban de nuevo en la mansión, entusiasmados por volver a ver a Madame Adelaida, Edgar, que los había visto con antelación, les tenía una trampa tendida.
Los había vuelto a encerrar y se disponía a mandarlos en una caja a un país muy alejado, del cual nunca podrían volver a regresar.
Por suerte, un pequeño ratón amigo de Duquesa presenció la escena y bajo las indicaciones de esta, acudió a la buhardilla de O´Malley para que una vez más fuese al rescate.
Sin dudarlo, el gato callejero y galán, que ya había conquistado el corazón de Duquesa, fue acompañado por sus amigos músicos a rescatar a sus amigos aristócratas. Hacerlo no le tomó gran trabajo y con zancadas y arañazos logró salvar a sus amigos y meter a Edgar en la caja, con lo 1ue fue el mayordomo quien nunca más regresó a la mansión.
De esta forma Madame Adelaida recuperó a sus gatos, a los que siguió dando los mismos caprichos y atenciones de siempre, con una diferencia; ahora el grupo tenía un nuevo miembro, O´Malley, pareja de Duquesa y todo un padre para los tres pequeñines y futuros Aristogatos, a los que también les gustaba el Jazz y la vida en las calles de París.

Unidad Didáctica 8: "Pinocho en la academia de circo"

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Había una vez, un viejo carpintero de nombre Gepetto, que como no tenía familia, decidió hacerse un muñeco de madera para no sentirse solo y triste nunca más.

“¡Qué obra tan hermosa he creado! Le llamaré Pinocho” – exclamó el anciano con gran alegría mientras le daba los últimos retoques. Desde ese entonces, Gepetto pasaba las horas contemplando su bella obra, y deseaba que aquel niño de madera, pudiera moverse y hablar como todos los niños.

Cuento infantil PinochoTal fue la intensidad de su deseo, que una noche apareció en la ventana de su cuarto el Hada de los Imposibles. “Como eres un hombre de noble corazón, te concederé lo que pides y daré vida a Pinocho” – dijo el hada mágica y agitó su varita sobre el muñeco de madera. Al momento, la figura cobró vida y sacudió los brazos y la cabeza.

– ¡Papá, papá! – mencionó con voz melodiosa despertando a Gepetto.

– ¿Quién anda ahí?

– Soy yo, papá. Soy Pinocho. ¿No me reconoces? – dijo el niño acercándose al anciano.

Cuando logró reconocerle, Gepetto lo cargó en sus brazos y se puso a bailar de tanta emoción. “¡Mi hijo, mi querido hijo!”, gritaba jubiloso el anciano.

Los próximos días, fueron pura alegría en la casa del carpintero. Como todos los niños, Pinocho debía alistarse para asistir a la escuela, estudiar y jugar con sus amigos, así que el anciano vendió su abrigo para comprarle una cartera con libros y lápices de colores.

El primer día de colegio, Pinocho asistió acompañado de un grillo para aconsejarlo y guiarlo por el buen camino. Sin embargo, como sucede con todos los niños, este prefería jugar y divertirse antes que asistir a las clases, y a pesar de las advertencias del grillo, el niño travieso decidió ir al teatro, a disfrutar de una función de títeres.

Al verle, el dueño del teatro quedó encantado con Pinocho: “¡Maravilloso! Nunca había visto un títere que se moviera y hablara por sí mismo. Sin dudas, haré una fortuna con él” – y decidió quedárselo. Este aceptó la invitación de aquel hombre ambicioso, y pensó que con el dinero ganado podría comprarle un nuevo abrigo a su padre.

Durante el resto del día, Pinocho actúo en el teatro como un títere más, y al caer la tarde decidió regresar a casa con Gepetto. Sin embargo, el dueño malo no quería que el niño se fuera, por lo que lo encerró en una caja junto a las otras marionetas. Tanto fue el llanto de Pinocho, que al final no tuvo más remedio que dejarle ir, no sin antes obsequiarle unas pocas monedas.

Cuando regresaba a casa, se topó con dos astutos bribones que querían quitarle sus monedas. Como era un niño inocente y sano, los ladrones le engañaron, haciéndole creer que si enterraba su dinero, encontraría al día siguiente un árbol lleno de monedas, todas para él.

El grillo trató de alertarle sobre semejante timo, pero Pinocho no hizo caso a su amigo y enterró las monedas. Luego, los terribles vividores esperaron a que el niño se marchara, desenterraron el dinero y se lo llevaron muertos de risa.

Al llegar a casa, Pinocho descubrió que Gepetto no se encontraba, y empezó a sentirse tan solo, que rompió en llantos. Inmediatamente, apareció el Hada de los Imposibles para consolar al triste niño. “No llores Pinocho, tu padre se ha ido al mar a buscarte”.

Cuento para leer PinochoY tan pronto supo aquello, Pinocho partió a buscar a Gepetto, pero por el camino tropezó con un grupo de niños:

– ¿A dónde se dirigen? – preguntó Pinocho

– Vamos al País de los Dulces y los Juguetes – respondió uno de ellos – Ven con nosotros, podrás divertirte sin parar.

– No lo hagas, Pinocho – le dijo el grillo – Debemos encontrarnos con tu padre, que se ha ido solo y triste a buscarte.

– Tienes razón, grillo, pero sólo estaremos un rato. Luego le buscaré sin falta.

Y así se fue Pinocho acompañado de aquellos niños al País de los Dulces y los Juguetes. Al llegar, quedó tan maravillado con aquel lugar que se olvidó de salir a buscar al pobre de Gepetto. Saltaba y reía Pinocho rodeado de juguetes, y tan feliz era, que no notó cuando empezó a convertirse en un burro.

Sus orejas crecieron y se hicieron muy largas, su piel se tornó oscura y hasta le salió una colita peluda que se movía mientras caminaba. Cuando se dio cuenta, comenzó a llorar de tristeza, y el Hada de los Imposibles volvió para ayudarle y devolverlo a su forma de niño.

– Ya eres nuevamente un niño bello, Pinocho, pero recuerda que debes estudiar y ser bueno.

– Oh sí, señora hada, a mí me encanta estudiar – dijo Pinocho y al instante, le quedó crecida la nariz.

– Tampoco debes decir mentiras, querido Pinocho.

– No, para nada, nunca he dicho una mentira – pero la nariz le creció un poco más – ¡Y siempre me porto muy bien!

Pero al decir aquello la nariz le creció tanto, que apenas podía sostenerla con su cabeza. Con lágrimas en los ojos, Pinocho se disculpó con el Hada y le prometió que jamás volvería a decir mentiras, por lo que su nariz volvió a ser pequeña. Entonces, él y el grillo decidieron salir a buscar a Gepetto. Sin embargo, cuando llegaron al mar, descubrieron que el anciano había sido tragado por una enorme ballena.

Enseguida, se lanzó al agua, y después de mucho nadar, se encontró frente a frente con la temible ballena. “Por favor, señora ballena, devuélvame a mi padre”. Pero el animal no le hizo caso, y se tragó a Pinocho también. Al llegar al estómago, se encontró con el viejo Gepetto y quedaron abrazados un largo rato.

– Tenemos que salir cuanto antes, Pinocho – exclamó Gepetto

– Hagamos una fogata papá. El humo hará estornudar a la ballena y podremos escapar.

Y así fue como Pinocho y su padre quedaron a salvo de la ballena, pues estornudó tan fuerte que los lanzó fuera del vientre y lograron escapar a tierra firme. Cuando llegaron a casa, este se arrepintió por haber desobedecido a su padre, y desde entonces no faltó nunca a clases, y fue tan bueno y disciplinado, que el Hada de los Imposibles decidió convertirlo en un niño de carne y hueso, para alegría de su padre, el viejo Gepetto, y del propio Pinocho.

Unidad Didáctica 7: "Me desplazo de diversas formas en el libro de la selva"

Como cada tarde la pantera Bagheera fue al río a saciar su sed, pero ese día estaba destinado a que pasase algo distinto, que cambiaría su rutina.
A la orilla del río había una pequeña embarcación en ruinas, de cuyo interior provenía el lamento de un pequeño humano. Bagheera no quiso dejarlo allí solo, donde podría morir de inanición o ante el apetito voraz de cualquier otro depredador de la jungla, por lo que lo tomó y lo llevó a la manada de lobos que habitaba por allí, para dejarlo a su cuidado.
En la manada el niño fue recibido como un hijo de la jungla más y fue nombrado Mowgli.
El criarse en la selva con lobos convirtió a Mowgli en una criatura salvaje, pero con cuerpo y sentimientos humanos, que gozaba de las simpatías de todos los animales excepto uno: el tigre Shere Khan, quien advirtió que iría a por el muchacho para devorarlo.
Shere Khan odiaba a los hombres y no permitiría que uno en la jungla le disputase su reinado.
Ante el inminente peligro que el sanguinario tigre representaba para Mowgli, los lobos le dijeran a su protectora, la pantera Bagheera, que lo llevase a la aldea de hombres más cercana que hubiese, pues allí es donde más seguro estaría.
Bagheera aceptó, contra la voluntad de Mowgli que no temía al tigre, y lo hizo emprender un viaje junto a ella en busca de la aldea.
El viaje del singular binomio tuvo muchas peripecias.
Una noche treparon a un árbol para dormir y una enorme serpiente, conocida como Kaa, hipnotizó al niño para engullirlo.
Gracias al rápido accionar de Bagheera esto no sucedió y pudieron seguir su camino, en el que tropezaron con una banda de elefantes, que funcionaban como la patrulla de la jungla, encargada de velar por el orden en la misma.
A Mowgli le encantó el estilo de estos elefantes y quiso desfilar con ellos, lo cual molestó mucho al jefe de la patrulla, quien no quiso dañar al muchacho pero pidió a la pantera que se lo llevase urgentemente de allí.
Molesto por tener que seguir viaje hacia un sitio en el que no quería estar, el chico escapó del control de su protectora hacia las profundidades de la selva, donde conoció a un perezoso y simpático oso llamado Baloo.
Este hizo de inmediato buenas migas con el muchacho y le dijo que lo enseñaría a ser un buen oso despreocupado como él.
Cuento Disney: El libro de la selva
A Mowgli le encantó la idea y comenzó a aprender de Baloo todo lo que necesitaba para ser un gran oso como él.
Pero sucede que al percatarse de la presencia del niño por esos alrededores, los monos Bandar Long lo raptaron para llevarlo ante su líder King Louie, un orangután cuyo estado mental emulaba con la locura.
King Louie no quería dejar ir a Mowgli hasta que no le revelase el secreto del fuego, algo que el chico no sabía porque no había estado nunca entre humanos.
Por suerte Bagheera y Baloo, que se habían juntado ante la desaparición de Mowgli, dieron con su paradero y lo rescataron de los locos monos Bandar Long, no sin antes protagonizar una curiosa lucha cuya consecuencia fue la destrucción del templo de King Louie.
Tras mucho discutir como buenos amigos que eran, la pantera convenció al oso y al niño de que lo mejor era que este último estuviese con sus semejantes. Allí tendría más seguridad y ello no implicaba que dejasen de verse de vez en cuando.
Cuando faltaba poco para llegar a la aldea el tigre Shere Khan fue al encuentro de Mowgli para matarlo, pero Baloo intercedió en su defensa y se batió fieramente con el depredador.
A pesar de su habilidad, Baloo tenía las de perder, razón por la que Mowgli acudió a la pelea con una rama prendida con fuego, que se había incendiado ante el impacto de un rayo en un árbol cercano, y causó temor en el fiero felino, que huyó despavorido.
Así, el trío de amigos reemprendió viaje hasta que por fin llegaron a las inmediaciones de la aldea.
No hizo falta que ninguno de los dos animales convenciese a Mowgli de que allí debía estar, pues este quedó prendado de una bella niña que merodeaba por allí, buscando agua, y sin dudarlo y apenas despedirse de sus amigos, la siguió.
Baloo quedó entristecido pero al igual que Bagheera comprendía que el hijo de la jungla estaba donde le correspondía, entre hombres, aunque en la selva siempre tendría fieles y adorables amigos.

Unidad Didáctica 6: "Cooperamos y colaboramos con Hércules"


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En el Monte Olimpio, todos estaban felices; Hércules, hijo de dios Zeus y de la diosa Hera, acababa de nacer. El pequeño parecía fuerte, muy fuerte. Era el bebé más fuerte de todos los tiempos. Su padre le había regalado un pequeño caballo alado llamado Pegaso.




Mientras tanto, en el Inframundo, el preverso dios Hades, enemigo de Zeus, estaba furioso. Si Zeus tenía descendencia, la Tierra y el Olimpo nunca le pertenecerían. Tenía que hacer todo lo posible para deshacerse del recién nacido.
Envió  a la Tierra a dos de sus secuaces con el fin de hacer desaparecer al niño. Pero todo lo que tenían de malvadoslo tenían también de torpes, y lo que hicieron fue dar una pócima al bebé, la cual le hizo mortal.
Y así, el niño tuvo que vivir en la Tierra como un hombre más, sin conocer su auténtica procedencia.
Pasaron los años y, cuando Hércules era ya un joven, su padre le reveló el secreto de su origen y cómo estaba destinado a ser el hombre más fuerte del mundo, capaz de hacer el bien entre los hombres.
Hércules fue en busca de quien pudiera ayudarle en esta tarea, y lo encontró en Filoctetes, un fauno, que era entrenador olímpico. Gracias a su trabajo y al tesón de Fil, Hércules llegó a ser el héroe más famoso de toda Grecia.
Pero un día, el amor llamó al corazón de Hércules. Se había enamorado de Mégara, una joven hermosísima, que también le amaba.




Hades estaba contento; el amor había hecho de Hércules tuviese una debilidad. Era su gran oportunidad. Le amenazó con llevarse a Mégara para siempre si no obedecía sus perversas órdenes de destruir el mundo. Hércules se negó, y tuvo que resistir y luchar contra los terribles monstruos que el dios del Inframundo le enviaba. ¡No podía consentir que Hades se saliera con la suya, y tenía que preoteger a su amada Meg!
Hades estaba perdiendo la batalla, y en un intento desesperado, lanzó a Hércules hacia el Abismo de la Muerte. Pero el Olimpo y todos sus dioses buenos protegían a nuestro héroe.
Y así, cuando Hércules rechazó aquella furia mortal, quién se precipitó al Abismo de la Muerte fue el propio Hades, que se perdió para siempre en el Inframundo que él mismo había creado para hacer el mal.
La pesadilla había terminado. Hércules y Mégara pudieron por fin ser felices. Gracias a la enorme fuerza del héroe, pero también a su gran corazón, el mal desapareció de la faz de la Tierra.
Y el espíritu de los héroes siguió presente en las mentes de los hombres durante muchos, muchísimos años. Todavía hoy, todos esperamos que alguien fuerte y bueno libre a nuestro mundo de la violencia, el dolor y el mal.